Del uso de los datos como nueva brecha digital

En los años del estallido de la primera burbuja, yo trabajaba junto a un equipo de economistas cuantitativos desarrollando modelos de optimización financiera para emplear en tiempo real por redes comerciales bancarias: se trataba de personalizar las carteras de inversión hasta un punto nunca visto antes y poner la inteligencia de los grandes analistas al servicio del público de a pie.

Recuerdo alguna conversación con Carlos Barrabés en la que contaba que cuando salía fuera de España siempre le preguntaban qué datos tenía y cómo los usaba.

Mi colega Fernando Polo acaba de publicar una columna en Cinco Días en la que lanza la idea de que quién no sea capaz de aprovechar la abundancia de información disponible – lo que ahora llamamos Big Data – se quedará en el lado malo de una nueva brecha digital.

Esta cita recuerda esos momentos de los primeros dos mil, cuando tantas intuiciones sobre cómo usar la red no terminaban de consolidarse y que, ahora, de modo diría que maravilloso y fascinante, empiezan a materializarse:

Cuando en 2002 lanzábamos DiceLaRed, nuestra startup ya fenecida de rastreo y análisis de información desestructurada online, elaborábamos un barómetro que replicaba la encuesta del CIS sobre las preocupaciones de los españoles. Varios meses seguidos, capturando millones de mensajes y escudriñando conversaciones y publicaciones digitales, fuimos capaces de replicar los resultados del CIS con un mes de antelación.

Textos de divulgación como Supercrunchers extienden la idea de cómo el mundo puede dividirse entre gente que, para la vida cotidiana (individuos y empresas), es capaz de hacer algunas regresiones simples para usar sus datos y otros que no lo serán, quedándose en ese lado malo que anuncia Fernando.

Ser capaz de tratar los datos – fáciles de recolectar hoy día – y añadir una mínima capacidad de tratamiento conduce a un proceso de toma de decisiones mejorado que abarca desde la vida cotidiana a increíbles procesos predictivos que, por cierto, están debajo del funcionamiento de toda la web social.

Supongo que estamos ante el pistoletazo de salida de una línea de trabajo que no es nueva en absoluto (y mucho más compleja que meras regresiones y series temporales) pero que puede pasar si no a lo que comúnmente llamamos mainstream, sí a una actvidad presente en cada departamento de empresa, pequeños negocios y vida personal de una forma que no se había alcanzado nunca.

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2 Comentarios

  1. Publicado 25 Noviembre, 2012 en 21:40 | Permalink

    No me convence al 100% el ángulo del pensamiento mainstream al respecto. En breve contrapost. Porque te lo mereces.

    • Gonzalo Martín
      Publicado 25 Noviembre, 2012 en 21:44 | Permalink

      Al cien por cien: eso tiene sentido 😀

4 Trackbacks

  1. Por Reciclar el dato | enPalabras el 28 Noviembre, 2012 a las 21:55

    […] clave que subyace tras la súper abundancia (de datos, de formación o de lo que sea) está en el empobrecimiento global de la ciudadanía […]

  2. […] algo pone de manifiesto es que la brecha tiene raíces profundas que se va ramificando de forma que cada nueva oportunidad no hace sino acelerar la descomposición del no-sistema que nos […]

  3. Por Educación, aprendizaje y re-conocimiento | IG el 8 Abril, 2013 a las 21:21

    […] algo pone de manifiesto es que la brecha tiene raíces profundas que se va ramificando de forma que cada nueva oportunidad no hace sino acelerar la descomposición del no-sistema que nos […]

  4. Por IG el 11 Abril, 2013 a las 11:16

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