Algunos apuntes digitales para 2018

Lawrence “Larry” Lessig escribió en 1999 uno de esos libros que se tornan icónicos al nacer. Diría que sigue siéndolo aunque haya desaparecido el entusiasmo público por este tipo de lecturas: “Code and Other Laws of Cyberspace”.

Si la narrativa y los ensayos de tecnología se desenvuelven históricamente entre el optimismo por esa maravilla inseparable de la magia que es toda tecnología suficientemente avanzada y la distopía en forma de penumbras y amenazas a la humanidad por el control desmedido, mi memoria del texto de Lessig se encuadra dentro del tono pesimista.

Y era pesimista porque, en contra de la visión utopista y libertaria del hackerismo y la causa del software libre por la liberación del conocimiento, Lessig advertía que la ley del espacio cibernético la creaba el código en que estaba escrito. Por código entiendan el software que los sustenta y su arquitectura. Al igual que se cambian las leyes, el código se puede cambiar convirtiendo que eso que se supone que es abierto, deje de serlo. Por resumirlo mucho: la red anarquista – dicho en el mejor de los sentidos – era algo que no tenía por qué ser.

Este apunte sobre mi agenda personal en lo que tiene que ver con tecnología, sociedad y negocios para 2018 viene teñido de esa memoria pesimista de lo que pudo ser y no fue. Para muchos de mis escasos lectores y de mis amigos con conocimiento de lo que pasa en la tecnología mi mirada nostálgica será poco relevante o digna de cierta sonrisa por nuestras discusiones pasadas, pero uno no deja de ser quien es.

Así:

  • Que 2017 se haya convertido en al año de las famosas “fake news” sin que nadie recuerde que desde que internet es internet la propagación de lo que antes los finos llamábamos “hoaxs es una constante y casi una característica intrínseca demuestra la dificultad de mantener un acervo, una memoria o una educación digital (útil) consolidada. Esto es pura nostalgia, obviamente. Que se ignore que el mismo medio que se usa para propagarlas sirve para desmontarlas forma parte de esa decadencia del internet que fue tan interesante, sin que eso quiera decir que el presente o el futuro tengan que ser peores. Lo cierto es que la distribución de falsedades (antes, astroturfing) ahora es una actividad dirigida por gobiernos e instituciones públicas de forma más o menos encubierta (aunque ya el mundo de los virus informáticos y el hacking no ético está dentro de los gobiernos desde hace años). Y que puede conducir o está conduciendo a una borrachera regulatoria de dimensiones aún desconocidas. Lo que es cierto es que desmontar bulos requiere élites muy preparadas para la comprensión de los bits en redes. Mi sensación personal es que hay un retroceso en ello. Paradójico, pues al mismo tiempo la sofisticación en la difusión y en el uso de la herramienta que hoy escribe el código de la red (Facebook) es creciente y de una madurez respetable.

 

  • La regulación regresiva de los nuevos modelos de negocio también es otro espacio de incertidumbre. Las televisiones en España reclaman las misma regulación para los operadores puros de internet que la que tienen ellos. En realidad, la regulación que la sociedad debiera reclamar es la contraria: anular las obligaciones y privilegios de los operadores tradicionales para reducir su tendencia al monopolio y a la acaparación de ingresos: si la fibra y el satélite se vuelven ubicuos ¿qué sentido tiene seguir empleando el espectro y mantener jugadores de ventaja como son las licencias de televisión? Demasiado ingenuo esperar que los gobiernos quieran perder el control de su propia forma de sesgar las noticias y la agenda social. Por complejo que sea mantenerla en esta era de rebelión contra la ilustración y las élites educadas (y que han abusado de su condición), ellos creen que sí, de ahí el mismo overhype sobre las noticias falsas. Pero también hemos visto cómo la justicia europea conduce a los nuevos formatos de transporte a la ley tradicional. La justicia, claro, interpreta las leyes que existen, no las que no existen. Así que nos encontramos en un entorno – quizá el europeo especialmente – donde aparentemente no se pretende regular para la innovación o la productividad, sino para sostener a los beneficiarios actuales. Observación poco novedosa, es cierto. Idea: ¿por qué el ayuntamiento de Madrid no recompra las licencias a los taxistas que invirtieron el dinero en el modelo de negocio antiguo y financia la compra con tasas derivadas de desarrollar un entorno nuevo? Una idea loca para políticos que quieran mostrarse innovadores frente al mundo.

 

  • El siguiente paso lógico es esperar que veamos un movimiento regulatorio más avanzado y consistente hacia blockchain y las criptomonedas. 2018 sugiere que puede ser un año en el que ocurran esas cosas. Personalmente, me quedé en el artículo seminal de Nakamoto y poco más: en mi agenda del año adquirir un conocimiento mucho más profundo del estado del arte de la cuestión. Debe seguir habiendo oportunidades para un internet divertido. Leamos blockchain como código de la red, si me siguen el razonamiento inicial.

 

  • Por último, 2017 ha constatado la consagración de la publicidad tal y como era. O como puede que nunca dejara de ser. A pesar de la sofisticación real y aparente (las dos se dan) de los formatos publicitarios digitales y de las herramientas que los gobiernan, los servicios están inequívocamente construidos para complacer las estructuras mentales de los grandes anunciantes y no la vieja promesa de la no intrusión, la construcción de comunidades y otras leyendas 2.0. Hay marcas que siguen jugando a que eso tiene alguna utilidad (o es que no hacen presupuesto base cero), cuando apenas la tiene para unos pocos precisamente por la arquitectura de los servicios que realmente usa la gente. Si tu modelo de negocio es la publicidad ¿qué otra cosa cabía esperar de Mark Zuckerberg, Larry Page y sus generales? Es verdad que la tonelada de datos que se capturan ahora permite acercamientos, al menos en términos clásicos de internet, más profundos y seguramente efectivos en términos de conversiones, pero la guerra entre los usuarios huyendo de los trucos de la publicidad y de la publicidad por llegar al usuario cueste lo que cueste sigue (como ha sido realmente siempre): hemos pasado del auge y omnipresencia de los bloqueadores al aprendizaje del ciudadano de a pie de las limitaciones del retargeting y los trackings de usuarios: todos jugando a esperar el descuento de forma personalizada al dejar un carrito vacío.

 

  • Mientras, la regulación de la captura y tratamiento de los datos se endurece y madura (se supone que para bien de la gente y para dar más dolor de cabeza a los departamentos de marketing). Un tema para mi mente en este 2018: crear estrategias específicas y convencer a quienes los pagan de que hay que desarrollar creatividad y consistencia (entre los valores de tu organización, la ley y el beneficio de tus clientes) para capturar los datos que dan valor y son relevantes realmente para poder personalizar tu oferta. No sé si lo he explicado bien, pero este es un reto emergente más allá de Aura, que es la estrategia ya veremos si exitosa de un perdedor de la anterior oleada de la digitalización (es decir, no pudiste ser Google, como querías ser). Lo interesante de Aura es que da visibilidad a una cuestión que parece que va a estar en el centro de todo.

 

A la espera de la consagración de la computación edge, una nota final para lo que parecen perdedores del 2017. Snapchat, que la quisimos tanto, parece al borde de la irrelevancia fuera de Estados Unidos. Desde el punto de vista bursátil, ya es un chicharro en toda regla. Y el pokemon que iba a traer la realidad aumentada a todo, parece que se aleja del mainstream.

Son mis notas, otros tendrán otras. Seguramente mejores.

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Un Comentario

  1. Gonzalo Martín
    Publicado 8 enero, 2018 en 13:27 | Permalink

    En época de balances y detección de tendencias, éste vídeo de Telefónica es muy interesante al repasar el punto de vista de muchas metodologías y tecnologías que están sobre la mesa.