Que alguien mate el timeline

Para entendernos: el timeline (de Twitter, de Facebook, de tu Yammer y tu Socialcast, también de tu G+) es el equivalente a la televisión de siempre. Entras a una hora, miras lo que está pasando y lo que pasó o no pasó suele desaparecer de tus ojos para siempre. Sí, hay excepciones de usuarios que miran listas o repasan históricos y cosas parecidas, pero el efecto final es el mismo: lo que pasó pasó, como esa película o serie que te has perdido y no eres lo bastante listo para recuperar descargada.

Si bien para el chau-chau cotidiano e intrascendente del día a día no tiene demasiada repercusión y proporciona el placer del tiempo real, de ver lo que está pasando, cuando entramos dentro de la vida de las organizaciones esta estructuración del consumo de la información es un lastre, un inconveniente y demasiado empobrecedora. ¿Por qué? Lo importante y más intemporal queda hundido en la lista de las cosas que se ven por casualidad. Sin embargo, una razón poderosa para emplear las tecnologías sociales dentro de una empresa son las de fomentar cooperación y gestionar e incrementar el conocimiento.

Aunque pasado de moda, repasemos la construcción de una wiki (sí, wikipedia se hace así): los textos son estables, encontrables y editables por todo el mundo. Tienen asociada una página de discusión. La comunidad que los organiza desarrolla una jerarquía basada en la respetabilidad y la experiencia para aceptar las “macroediciones”. Su tiempo real serían los recordatorios de que algo ha cambiado en lo que editaste. Sin embargo, la construcción de páginas en cooperación sigue ahí siempre a la vista de los interesados.

Douglas Rushkoff nos recuerda que  cada tecnología tiene sus propios sesgos. Es decir, fomenta una tipología de acciones (y, por tanto, de relaciones con el contenido y quienes lo aportan) más inclinada hacia unas cosas que a otras. Emplear como elemento básico de gestión social interna la idea de timeline genera una feisbuquización de las relaciones, degradando las opciones de trabajo cooperativo real. Los enlaces interesantes se disuelven en el río de las nuevas aportaciones, la generación de reflexión (primer paso para generar conocimiento común) se reduce y limita por un sistema de comentarios más débil y más asociado a la anécdota del tiempo real.

Algunas aplicaciones de trabajo interno se publicitan mucho y andan de moda. Pero el riesgo de que la tendencia social a la asunción del tiempo real como regla de conducta y no la asincronía que tenía la primera web social, muy orientada a reforzar deliberación en modo estable, es alto. Por ejemplo, el RSS informaba de actualizaciones, pero se consultaba de la misma forma en que se recibía una revista en casa y no para entrar a ver qué está pasando como aún hacemos con la televisión.

Así los módulos más duros y difíciles de emplear (los grupos de discusión, la blogosfera interna o las opciones de wiki) no llegan a arrancar o son desechados. Sin un liderazgo que desee forzar ese tipo de conductas, lo normal es que queden en desuso o no se aspire a emplearse nunca. Y eso en términos de organizaciones, es renunciar al poder de generar avances de productividad y cultura corporativa que se vuelquen en sacar de sus integrantes lo que tienen en sus cabezas y ponerlos a pensar.

Matar el timeline es una exageración para generar condenas de otros lectores y llamar la atención: bastaría con ponerlo en su sitio.

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7 Comentarios

  1. Publicado 2 febrero, 2013 en 21:23 | Permalink

    Magnífica reflexión. Es más cómodo enredarse en modas o achacar los problemas a las herramientas (y sus eternas exigencias de “formación” para estar al día) que enfocarse en esa ardua tarea de asimilar el conocimiento que me comentaba usted no hace mucho. Es que el liderazgo de verdad y eso de la cultura en las organizaciones da mucho trabajo…

    • Gonzalo Martín
      Publicado 2 febrero, 2013 en 22:38 | Permalink

      Y lo más interesante: las modas y el storytelling del management cambia, pero los seres humanos en su naturaleza profunda no han cambiado demasiado en los últimos treinta siglos: la literatura, como el algodón, no engaña y puede corroborarlo. Así que las cuestiones esenciales se repiten: cómo conseguir que la gente se sienta parte de tu organización (y se sigue fracasando), como generar esa “excelencia” que fue tan famosa… al tiempo que, sin conseguirse, oh paradoja, tantas empresas siguen ganando dinero.

  2. Publicado 4 febrero, 2013 en 9:11 | Permalink

    Excelente aportación, que he conocido gracias a -creo- un amigo común, @chemapalomares. La comunicación interna corporativa tiene que hacer frente a la necesaria transformación que se deriva de las tecnologías 2.0 y, sobre todo, de los comportamientos que ellas están estimulando.
    En mi opinión, estamos ante una gran oportunidad. Como bien dices en el comentario posterior, si se trata de conseguir que la gente se “sienta parte de la organización”, entiendo que unos canales que estimulan y soportan la proactividad son una gran oportunidad, frente a la pasividad a la que nos condenaban los anteriores.

    • Gonzalo Martín
      Publicado 5 febrero, 2013 en 3:19 | Permalink

      Pues gracias a él y a ti. A mí me interesa más que la comunicación interna (que también) los mecanismos de cooperación y gestión de conocimiento y creo que las herramientas elegidas y sus valores (sesgos) más o menos ocultos son fundamentales. La exigencia que tienen las herramientas más complejas de una curva de experiencia larga, requieren de un liderazgo potente.

  3. Publicado 6 febrero, 2013 en 17:54 | Permalink

    Me parece excelente lo que decís acerca de poner en su correcto lugar el timeline. Sin dudas, para el trabajo productivo sistemático y la investigación, el RSS sigue siendo una herramienta muy superior al timeline de FB o de Twitter. Saludos!

  4. Ariel Barrios
    Publicado 6 febrero, 2013 en 20:58 | Permalink

    Magnífica reflexión. La justificación del timeline en muchos casos es el efecto marea, es decir si la noticia es importante será traida por la corriente (varias personas de una comunidad) Sin embargo el timeline aplica la ley de selección natural de las noticias, una especie de casualidad, azar y poder. Particularmente me parece increible que Facebook no tengo una opción de guardar o leer después.
    Pero en muchos casos se trata de un efecto distracción, una especie de zapping por Internet con el condimento de acceder a lo privado al voyeurismo digital. El ver que pasa.

  5. Publicado 18 febrero, 2013 en 9:59 | Permalink

    Gran entrada, Gonzalo.
    Ulrich Beck dice que tenemos que redefinir el concepto de EL OTRO, va muy en consonancia con lo que expones, mucho, con las nuevas relaciones que sujeto/objeto que genera la transmedialidad.
    Tendrá continuación y análisis por mi parte, si te parece bien.
    Me ha gustado mucho. Un abrazo.
    Y gracias.

7 Trackbacks

  1. Por Bocados de Actualidad (158º) | Versvs el 3 febrero, 2013 a las 11:02

    […] Transformación Digital y que alguien mate al timeline. […]

  2. […] Gonzalo Martín matar al timeline dentro de la empresa porque “Lo importante y más intemporal queda hundido en la lista de las […]

  3. Por Links interesantes (77) el 3 febrero, 2013 a las 23:55

    […] Gonzalo pide que maten al timeline. […]

  4. […] que podíamos permitirnos no ser tan cuidadosos con lo que poníamos, al fin y al cabo las cosas se hundían en el timeline, y sólo alguien con ganas y tiempo libre podía encontrar cosas vergonzosas. Pero organizar la […]

  5. […] Gonzalo Martín que hay que matar al timeline. No creo que sea necesario. El dospuntocerismo tardío ayudó a muchos a descubrir el modo en que […]

  6. Por Más asesinos del timeline | Transformación Digital el 12 febrero, 2013 a las 13:58

    […] La petición efectuada en estas páginas de dar muerte a la dictadura del tiempo real en el empleo de las tecnologías sociales dentro de la empresa ha generado interesantes conversaciones. […]

  7. […] Que alguien mate el timeline | Gonzalo […]