Nunca olvidaré al gran Luis Suárez explicar su trabajo: sacar lo que tienen en sus cabezas cada uno de los ibmers, todo eso que no está documentado y que no ha salido y conseguir que se plasme donde la comunidad pueda hacer su trabajo. O trabajar a secas.
Antes de la invasión del timeline, de la expresión red social como reduccionismo de cualquier maquinaria que permita poner un avatar y comentar las entradas de otra persona, se hablaba de herramientas. Luis Suárez ha hablado siempre de gestión del conocimiento, eso que siempre parece una asignatura pendiente.
Al menos en según qué ambientes, parece que ya es parte del discurso común asumir que lo que llamamos revolución digital es una revolución del conocimiento: no únicamente la facilidad con la que se accede a la información, sino a las fascinantes posibilidades de transformar la información en acciones: desde herramientas a productos pasando por la colaboración voluntaria de personas vinculadas en redes (que no – generalmente – en Facebook).
Creo que no es necesario para la mayoría de los que me siguen recordar la fuerza del blogging en IBM. Puesto que la palabra blog no está de moda, hemos perdido en el discurso generalizado de la digitalización y la tranformación de las organizciones el sentido último de lo que se hacía – se hace – con un blog. Es Antonio Ortiz el que ha ofrecido una de las explicaciones que más me gusta sobre la idea de ser blogger: una persona que saca sus ideas a pasear.
Driving Miss Ideas
Así pues, se encuentran con que Luis Suárez quiere que las ideas de sus compañeros de organización salgan a pasear. Cuando salen a pasear generan conversación entre personas con intereses (y necesidades) conectadas con lo que se genera un proceso deliberativo del que termina por emanar conocimiento. ¿Alguien recuerda como nos enseñaban que la información se adquiría rápido pero que el verdadero saber era un esfuerzo largo en el tiempo? Aquí no importan demasiado las masas de seguidores ni los chats, importan los procesos.
Como las palabras moldean el pensamiento (¡me gusta!), blog y wiki simplemente han desaparecido de los flujos de pensamiento porque, especialmente para todo el aluvión de expertos en social media, ejecutivos que se ponen al día y mandos intermedios, sólo corresponden a denominaciones de herramientas pasadas y que no tienen que ver con el furor por alcanzar millones de usuarios. Seguramente, hasta tienen mala prensa.
Creo que otras veces he afirmado que, como en las malas transiciones del papel a los sistemas de información, si mecanizas lo que ya haces mal, sólo tienes la misma maldad puede que optimizada o, como poco, yendo mucho más rápido. Pero para dar saltos cualitativos (¿disruptivos?) necesitas transformar lo que haces. Aquí va la tesis de este artículo: si la digitalización va de revolucionar el conocimiento, incluso para saber lo que funciona en Facebook, hay que transformar la generación de conocimiento y su asimilación.
Algo de pensamiento científico
Blogs, pedias y wikis (tómense la molestia de leer a Bianca Hajdu explicando las diferencias) son técnicas para sacar de sus cabezas lo que la gente sabe o cree que sabe de forma que es compartido con una comunidad de pensamiento (de trabajo), que es transformado e incrementado en un proceso deliberativo y que resulta en una expansión de productividad colectiva. Borrar de sus cabezas los nombres de las herramientas sirve para centrarse en los procesos que conllevan: estructurar el pensamiento individual, exponerlo de forma que se pueda entenderse, señalar las fuentes que sirven para fundamentarlo, someterlo a revisión y corrección, modificar y ampliar.
Si se es buen observador, lo que se señala difiere poco de lo que llamamos pensamiento científico o procesos intelectuales. Curiosamente, cuando se produjo la también moda de la calidad total lo que hacíamos era introducir el método científico en la gestión de procesos: Deming, Juran et al promovían la creación de herramientas para que lo que antes llamábamos mano de obra fuera capaz de identificar, definir, medir y transformar procesos industriales y de servicios desde la misma línea de producción.
Si la gestión de calidad era un proceso duro, no siempre con éxito en todas las organizaciones se debía a la difícil curva de aprendizaje que se extendía más allá de los anuncios de grandes planes y del nombre de las herramientas: suponía cambiar la conducta, derivadamente la cultura de la empresa y eso requería un liderazgo aterrador, que no terrorífico. Puesto que estas son cosas que escasean y muchas empresas siguen vivas (o vendidas, es decir, con nuevas vidas) no debe ser la condición última de supervivencia en el corto plazo.
Milipedia
Jesús M. Pérez, el autor del excelente blog dedicado a los conflictos armados de la era de las redes Guerras Posmodernas, señala en una reciente entrada la creación dentro de las fuerzas armadas españolas de la Milipedia: una wikipedia para los militares. El aspecto es artesano, como tantas cosas que se hacen con software libre (es decir, conocimiento liberado sobre el que construir nuevo conocimiento), pero eso es irrelevante. La cuestión es cuánto se puede sacar de las cabezas de los militares para que sea aprovechado y mejorado por otros militares.
¿Cuánto valor puede tener la iniciativa? Al final el valor se lo conceden los propios usuarios si logran emplear el instrumento con toda su potencia. Los problemas con las organizaciones y este tipo de movimientos son los mismos en todos lados: los que simplemente lo encuentran inútil (es lo mismo que discutir sobre ciencia básica o I+D, si se entiende bien, si no se entiende no merece la pena discutir), los que no tienen tiempo (la disociación entre pensar y trabajar), los que no dominan la herramienta (aquí, sí: mejor recordar lo mal que usa la ofimática el común de los mortales y eso que es presuntamente fácil) y los que no encuentran eco ni reconocimiento.
Es en esto último donde reside el problema más grave: si ser capaz de dedicar un tiempo a escribir es una barrera psicológica e intelectual (aquí podemos echar unas pocas pestes sobre el sistema educativo español y siempre quedaremos bien) estamos frente a un problema que cada uno deberá sopesar: si es verdad como nos dicen que en la competitividad incremental e implacable de la economía actual la necesidad de llevar a la práctica conceptos encadenados como productividad e innovación, algo deberá el manager contemporáneo hacer para incrementar lo que sus colaboradores saben y, sobre todo, cómo hacerlo permanecer: tanto si se van, como si se olvidan en el tiempo, lo pensado que queda grabado permite seguir pensando aunque lo que se pensó quede obsoleto. Porque se construye sobre lo aprendido y lo aprendido colectivamente. Regresamos, pues, a la cuestión del liderazgo aterrador.
No, claro, todo esto no salva de la quiebra. Así que puede ser perfectamente inútil.